Aunque a primera vista parezca un gran fiasco que mis promesas, o deseos, de escribir a diario, sacar fotos y pasear, leer y hacer tantas cosas distintas, todas a diario, no hayan sido posibles y, por eso, parezcan que mi mes sea – porque aún no se ha acabado el mes – un fiasco de promesas. Tengo que decirles que no, un largo un rotundo NOOO. Mi mes esta siendo, y espero que los que vengan también lo sean, fenomenal. Hace mucho tiempo que no trabajo tanto, tengo tanto trabajo que ni con agenda soy capaz de encontrarme, claro está, si no estoy con la cabeza centrada en lo que tengo que hacer. De la noche a la mañana me vincule a cuatro empresas para las cuales presto servicio por toda Galicia y dale viaje y dale trabajo. Me encaaannnttttaaaaa!!!!
Me gustaría haber sacado fotos de mis viajes por Galícia, pero no fue posible, me centré tanto en este trabajo que no me fue posible parar y buscar sitios preciosos en cada una de las ciudades por las que pasé. Puedo decirles que nunca viajé tanto, en tres semanas hice más de tres mil kilómetros. Nadie comprende mi trabajo ni el placer que tengo por trabajar, en realidad eso no me importa. Estoy tan contenta que las cosas malas de la vida y las personas que no tienen afinidad conmigo, las dejé en algún canto perdido en la carretera.
Mismo con tanto trabajo y un mes para allá de corrido, aún he tenido tiempo para leer y voy a dejarles las reseñas de mis libros. Los libros de este mes son especiales, una coincidencia de la vida coger libros tan distintos y a la vez similares en la biblioteca. Fue al acaso, si es que el acaso existe…
Espero que el mes de agosto tenga sido agradable – o mejor, esté siendo – y que tengáis aprovechado cada minuto del verano, de las vacaciones o del trabajo. Les puedo garantizar, que sí yo he aprovechado y sigo haciéndolo. Les dejo una foto de la playa que estuve ayer, una de las muy pocas fotos que he podido sacar este mes.
Hoy empezamos un nuevo mes, agosto, aquí en el hemisferio norte es tiempo de verano y vacaciones, aunque el sol no esté muy a la vista, es verano. En Galicia el primero día de agosto fue con lluvia y aire, a ver como será el mes.
Tengo planes para este mes, quiero hacerlo distinto a todos los otros y para lograrlo nada mejor que una lista para no perderme en el intento.
Como agosto es un mes donde las empresas no trabajan con fuerza, será más difícil – pero no imposible – sacar buenas oportunidades de trabajo, mismo así ,diariamente voy a mirar las páginas web para ver las solicitudes a las que debo inscribirme de inmediato.
Como agosto es mes de vacaciones, quiero hacer de este un mes especial. Así, a cada día voy a salir por mi ciudad en busca de un lugar para sacar una bonita foto que publicaré aquí para que conozcáis a Santiago de Compostela.
Una vez que salgo en busca de sitios interesantes para fotografiar, voy a caminar de 4 a 5 km al día.
Seguir con el propósito de no fumar y no fumar!
Leer de 4 a 5 libros este mes y hacer las reseñas aquí en el Blog.
Y, por supuesto, escribir todos los días aquí, para seguir con el reto de los 100 días. La verdad es que no les comenté nada de este reto, es un reto personal que me puse de escribir por 100 días consecutivos, siempre publicando aquí. El objetivo? Mejorar mi escrita, estar más activa aquí en el blog, poner la cabeza a pensar y quizás hacer una terapia, a final, dicen que la escrita es terapéutica.
Bueno, creo que ya tengo muchas tareas definidas para este mes, que juntas con las del día a día y el cuidado de la familia, me llenarán el tiempo. A ver los resultados de este plan de acción.
Algunos sábados y domingos son tristes, para mí, pues me quedo sola a casa sin tener con quien hablar o compartir el día. Estos son días que pasan muy lentamente, no tengo ganas de comer ni de salir de casa. En estos días la soledad me consume de una forma distinta, no es la misma soledad que añoro otros días en mi vida, es una soledad triste, gris.
Hoy, domingo de lluvia en Galicia, estoy una vez más a casa, sola, en soledad. Escucho música clásica mientras intento concentrarme en el libro o en la escrita. Qué difícil! Cambio el libro para ver si con otra historia puedo coger el ritmo y entretenerme, pero nada, vuelvo al que estaba leyendo. Insisto, paro, miro por la ventana. Miro al espejo, veo la vida en mis ojos. Vuelvo a mirar la ventana, mi atención se para en la pared con manchas de humedad, la imperfección de mi vida reflejada en una pared. No quiero quitar esta mancha, ella debe de permanecer ahí tanto cuando pueda, me ayuda a recordar que la vida es bonita por su imperfección. Soy de las personas que buscan hacer todo con perfección, también soy de las que saben que nada, ni nadie, logra la perfección. Esa pared también me ayuda recordar eso.
No estoy del todo sola, tengo a mi perro, a mis voces interiores y a los espíritos que siempre me acompañan. Hablo con ellos, con cada uno de ellos y con todos a la vez. No sé que me contestan, no puedo oírlos o no puedo comprenderlos. No comprendo lo que habla mi perro cuando me ladra, tampoco comprendo el silencio con sus ruidos de los espíritos que están aquí a mi lado. Sé que son buenos, puedo sentir y ver sus energías, blancas, translucidas y azuladas. Ninguno tiene el color de mi soledad, gris.
Eh, que se entienda! No estoy triste, esta soledad es que es triste. Pero, como todo en la vida, luego se acaba. Hay que esperar que pase y pronto pasará.
Recordáis que en una publicación reciente he dicho que estoy leyendo un libro de un autor famoso, ganador de muchos premios incluyendo un Nobel? Pues bien, mi concentración en estos momentos no es de las mejores y lo dejé por otro libro. Este otro libro es el culpado por no haber publicado ayer. Estuve todo el día leyendo y cuestionando la autora. En realidad no la cuestioné tanto, algo sí, pero el libro me hice pensar el feminismo, la vida y la vejes. Por eso no lo largue hasta haber finalizado con sus ultimas palabras.
Dormí con este libro a cabeza y he tenido sueños muy raros, hasta que algunas pesadillas. Siempre que sueño con mi madre el sueño cambia a pesadilla. Y que pesadilla he tenido! Esta noche mi madre me ha hecho y dicho todo lo que siempre ha deseado. Al despertar me cuestione que tendría este libro a ver con eso y acabé releyendo unos tramos, que había señalado, y allí estaba la razón. Con el tiempo y la edad logré libertarme de traumas, reglas, culpas y vivi la vida según mis valores, algunos sedimentados por mi madre, pero la mayoría creados por mí forma de ver la vida. Ella por su vez no ha logrado, lamentablemente, y vive su vida con amargura y unas cuantas enfermedades por no comprender que lo que paso, paso. Vive presa, atada a un pasado que no va a cambiar, buscando culpados y remordiendo dolores y situaciones. Ella no percibe, que en realidad, todos fueron victimas. Victimas de una sociedad sin cultura y manipulada por la iglesia, la política y el patriarcado. Comprender y perdonar es fundamental para volver a vivir en paz, una lastima que ella no lo acepte.
Hoy tardé un poco en escribir pues he tenido un día un poco distinto a los demás. Ayer hablando con una amiga supe de un curso que podría ayudarme a conseguir trabajo. Bueno, nada inmediato, pero un cambio de trabajo para un sector más humano. Sé que no puedo crear expectativas porque nada es perfecto y probablemente, cuando esté trabajando en este nuevo sector tendré la oportunidad de ver unas cuantas cosas que me entristecerán y otras tantas que me dejarán muerta de rabia. Sé que vá pasar eso, pero no importa.
Lo que importa?
Les voy a contar. Importa que a los casi 50 años de edad estoy dispuesta a hacer un gran cambio en mi vida y empezar a estudiar algo nuevo. Importa que a los casi 50 años tenga la ilusión de una vida más sana y equilibrada. Importa que mismo con tantos si’s en mi vida – si tuviera dinero, si tuviera trabajo, si tuviera menos edad, si…, si… – tuve la valentía de despertarme hoy, temprano y matricularme en una FP para en 2 años tener una nueva profesión, un nuevo labor, una oportunidad a más en mi vida. Importa que no desistí y que sigo en busca de mi propósito en la vida.
Recuerdo que en 2008 hice un gran cambio en mi vida laboral. Después de 15 años trabajando duro, con mi nombre reconocido y un puesto de mucha responsabilidad en una de las principales empresas del sector en Brasil, decidí cambiar pues tenía otras ambiciones para mi vida. Debo confesar que tampoco previa buen augurio para el futuro de mis actividades dentro de la empresa, era responsable por el sector de contratación, supervisión y producción de proveedores, dónde noventa y cinco por ciento de las contrataciones eran de imprentas y a día de hoy sabemos que la gran mayoría de las imprentas han caído en picado con las crisis económicas y las nuevas tecnologías. La cuestión es que en mi cabeza si no hiciera el cambio en aquél momento no lo haría y sería devorada por las dificultades futuras del mercado. Mis compañeros mal sobrevivieron los 5 años que se siguieron, mientras que yo fui en un creciente.
El cambio de ahora toca puntos distintos, como comercial no preveo el fin de mi vida laboral – si bien que por algun motivo, sea cual sea, tengo dificultad en conseguir un trabajo, justo al contrario. Hoy más que nunca las empresas necesitan de un comercial con foco en la atención al cliente y en la captación de nuevos. Mi cuestión ahora es distinta, primero por la dificultad de encontrar un trabajo, no sé si por la edad, por ser mujer o por mi acento… Vale, pero eso no me para, sigo buscando y seguiré buscando. La cuestión prioritaria es otra, es una voz que habla dentro de mí y cuestiona que estoy haciendo para mejorar la comunidad en que vivo? Y qué hago? Nada de excepcional. Quizás con la FP para atención a personas en estado de dependencia pueda hacer distinto, aprender a cuidar y hacerlo a mi manera con amor, respecto y calidad.
Estoy contenta, hoy me inscribí en este curso. Toca empezar una vez más. Así es la vida.
Miro el GPS, me toca conducir por esta carretera otros 10km, hasta ahora he cruzado con unos pocos coches, tan pocos que me olvidé el número en que he parado de contarlos. Observo la estrada, unas pocas casas agrupadas y abandonadas salpican en el paisaje natural de Galicia. Me encanta ir por las carreteras autonómicas y nacionales. Recuerdo cómo era conducir en mi país de origen y no lo echo de menos, carreteras atascadas y en malas condiciones era lo típico por donde fuera. Algunas veces me pregunto cómo fue capaz de vivir en una ciudad con tamaño caos. La ciudad es bonita, las personas son agradables, pero el clima de desorden y la multitud de ruidos y gente hace que vivir allí sea un desafío diario de supervivencia al cual nos adaptamos y no nos damos cuenta de cuan enfermos nos tornamos.
Los colores de Galicia son otro punto a admirar. La multitud de tonos de verdes y azules, junto a los colores de las casas de piedra y ladrillo hacen de esta región una obra de arte a cielo abierto. Siempre que voy de viaje, como hoy que visite un pueblo que dista 74km de dónde vivo, permito que mis ojos se pierdan en el horizonte buscando nuevos contrastes y grabando imágenes en mi retina, para recordarme después.
Hoy, mientras conducía, tuve que parar para contestar a una llamada y pude percibir unas cuantas vacas pastando en una pequeña finca. Sentí la paz y el equilibrio que emanaba de toda aquella situación. Las vacas compartiendo comida y finca con una pequeñas ovejas, un hombre trabajando para mantener la rutina de cultivo y creación de los animales. Un trabajo pesado y mal pagado, pero de suma importancia para nuestra supervivencia.
Seguí mi camino y pude observar la cantidad de casas abandonadas o cerradas en estos pequeños pueblos, cuantas personas necesitando de un lugar para vivir y aquí tanto espacio desperdiciado. No tengo ni una sola idea que pueda ayudar a que la situación sea distinta para los demás, para el planeta. Vivi en una gran ciudad, con más de 7 millones de personas amontonadas en edificios 12 o más plantas y tardé mucho en adaptarme a vivir en una ciudad con 90mil habitantes, y en realidad me cambiaría para una mucho menor, si fuera posible. Ganamos mucho, en salud física y mental, viviendo con poco y en un sitio tranquilo. Después de volver de mi viaje, me senté a escuchar una entrevista a uno YouTuber brasileño que en determinada parte de su entrevista habló de la violencia en las grandes ciudades y de amigos perdidos en muertes absurdas por una bala perdida. Recordé que a día de hoy eso ya no me preocupa, este miedo ya no es parte de mi vocabulario. En verano duermo con las ventanas abiertas en un piso de primera planta. Nos últimos dos años no he pasado ni una sola vez la llave a la puerta de mi piso. Mi coche se queda a calle, no tengo garaje ni tampoco alquilo una, no veo la necesidad. El valor del seguro – del piso y del coche – es infinitamente menor del que pagaba en mi otro País.
Hoy mi hijo me preguntó – después de ver la entrevista al YouTuber – mamá te sientes brasileña o española? No tarde mucho en contestar, ni por nacimiento ni por documento soy española, pero de corazón soy española y gallega.
Dicen que la esperanza es la última que abandona el barco, que perder la paciencia es perder la batalla y que los grandes logros solo llegan cuando perseveras. Que no llega antes quien más corre, quién más atajos toma ni quien cruza primero la línea de salida. Ni quien menos se cae. Ni quien más […]
Es con la esperanza que bailo mis días, creyendo que un día recibiré una llamada que diga que fui seleccionada para un trabajo. No sé lo que pasa, si la edad, el hecho ser mujer, la nacionalidad, el acento… algo hay que me dificulta a conseguir un trabajo. Hace dos años que busco y la única oportunidad laboral que encontré fue como autónoma. Lo haría sin problemas, si uno de los dos que somos a casa, tuviéramos trabajo, resulta que vamos los dos sin trabajo. Los dos sin trabajo por dos años. Por eso no puedo sacar, de lo muy poco que tengo a casa, para invertir en un trabajo que no necesariamente me remunerará al momento.
Hubieron muchos momentos que el desanimo me invadió con fuerzas, pero tengo que seguir, mirar adelante y creer que de todo se aprende y que al final uno siempre sale campeón en lo que le toca, si aprende en su trayectoria y la hace bien. La cuestión es que estamos robotizados con el pensamiento de que el victorioso es el que más gana, que más hace, que más tal y tal. Cuando en realidad hay muchos que son los más y más, pero que al final no sienten el más en sus vidas. No tienen tiempo para eso o no encuentran la felicidad en lo más que han conquistado. Al final ser o tener más no es lo que cuenta para la conquista de la felicidad ni de la paz.
De la vida – que como siempre digo, es única y muy corta – llevamos muy poco o nada. Acumular no sirve para nada y solo he aprendido que puedo vivir con poco cuando, de verdad, tenía muy poco. Cuando empecé con el minimalismo, hace 8 años, no imaginaba que en algun momento lo tendría que vivir en su esencia. En aquél momento, empecé a implantarlo en mi vida con el deseo de tener menos tareas a casa, con el propósito de tener una vida más sencilla, más barata y que tuviera más tiempo para mí y los míos. Regalé cajas y cajas de ropas, libros y utensilios que no me hacían falta. Todo lo que no había usado en un año fue regalado, casi todo mi muestrario de trabajo – libretas, agendas, cuadernos y bolígrafos – fue dado a niños y niñas que hicieron la fiesta al recibir aquellos objetos. Mi piso se quedó con el justo y necesario, hasta que dos años después lo vendí – o regalé – todo lo que sobraba para cambiarme de país, con la esperanza de seguir mi vida con más tranquilidad y seguridad. Transformé todo lo pasivo en activo, objetos en dinero. Lo junté, lo ahorré con el objetivo de tener la seguridad económica en mi nuevo proyecto de vida. Imaginaba que sería difícil conseguir un empleo, lo que no imaginaba era que una vez trabajando me quedaría sin trabajo y que me costaría tanto tiempo conseguir una nueva oportunidad.
Dos años sin trabajo, mi marido y yo. Dos años viviendo de ayudas externas porque nuestro dinero se acabó. Dos años buscando y siendo rechazada. Dos años preguntándome que hice, o hago, de mal para no conseguir. Dos años mirando las cartas del tarot, pidiendo a Dios que me bendiga con un trabajo adecuado. Dos años sintiendo me mal por deber dinero a otras personas, por no poder comprar una ropa para mi hijo, que las tiene pequeñas o rasgadas. Dos años de recibos impagados, recibiendo los cobros y la presión por pagamento inmediato. Dos años aprendiendo a vivir con lo necesario, o lo mínimo. Dos años aprendiendo a amar el sencillo, a dar las gracias por lo que tengo y a ser feliz con lo poco. Sigo buscando un trabajo, sigo siendo recusada en las entrevistas, pero sé que una puerta está sin llave, tengo que encontrarla y abrirla, es la puerta de mi trabajo, donde me seleccionarán y seré reconocida por mi valía profesional. No sé cuando encontraré esta puerta, si hoy, mañana, este mes o el próximo, solo sé que encontraré.
Antes siempre estaba disgustada con lo que tenía o hacía, siempre quería más. Ahora no. La verdad más pura, es que nunca fue tan fácil vivir como lo es ahora. Además, descubrí que aún puedo vivir con menos – si fuera el caso, si fuera necesario -, pero estoy segura que no será. Pronto mi marido y yo tendremos un trabajo para poner la vida en orden. No un orden como conocía, y sí, uno nuevo con poco de lo que no es esencial y mucho de felicidad y tiempo en família.
El deseo de escribir así, sin pie ni cabeza, vino porque estoy leyendo un libro en que el autor, de mi punto de vista, escribe justo así. Algo alocado, tal y como es nuestra cabeza, cuando no estamos centrados en la vida y sus quehaceres. Confieso que actualmente ando así, alocada, miro aquí y allá, penso en hoy, mañana, pasado y futuro. Claro está que mi texto no es primoroso, nada poético o comprensible como el que leo de este famoso autor ganador de un Nobel y otros tantos premios. No creo que su estilo de escrita sea del agrado de todos, o de muchos, a mi me gusta. La verdad es que tengo que estar más centrada para no perderme en sus palabras y en estos días de escaso verano me cuesta encontrar la concentración.
Probablemente me vas a preguntar porque escaso verano, te explico. Vivo en Galicia, noreste de España y este año el sol anda muy perezoso por aquí. Días grises y hasta con lluvia es lo mas frecuente en este verano que fue tan deseado después del inverno y de una larga y dura cuarentena pandémica. Creo que el universo nos quiere castigar por lo que hacemos con el planeta. Hay quien diga que la pandemia fue creada en laboratório, no lo sé, no tengo cabeza ni conocimiento para discutir el asunto, a mí me cabe vivir y protegerme para no coger el tal bicho. Resulta que mismo con este verano, un tanto raro, ya dicen que estamos en la quinta ola, o sea el virus vuelve a correr y contaminar. Yo me quedo en casa, falta paciencia para estar a calle, falta dinero para salir de copas o de compras, faltan ganas de socializar. Pero estoy bien, me gusta mi viejo refugio.
*
Ayer por la noche estaba pensando en la rutina. Tengo la necesidad de implantar una rutina en mi vida. La falta de trabajo hace que los días sean largos y que la rutina sea escasa. Al pensar me recordé un “noviete” que he tenido en mi juventud, él no quería comprometerse porque no le gustaba, para nada, la rutina de una relación. Bueno…, sé que fueron palabras bonitas para no decir que no quería tener un compromiso conmigo y si picotear a cada esquina. La cuestión es que me quedé con lo de la rutina a cabeza y creo que por eso no me gusta mucho lo que se hace a diario como una regla. Las reglas tampoco me agradan. Caro lector, no pense con eso que soy una desvairada que anda por la vida sin respetar al otro o a las leyes. De echo, soy toda politicamente correcta, pero si me imponen una regla que no me cuadra, no me siento confortable y me rebelo, casi como una anarquista. Tengo mis propias reglas basadas en mis valores personales y creo que están muy bien fundamentadas y las sigo a gusto pues tienen una razón de ser.
La cuestión de la rutina, que pensaba ayer, me vino por el deseo de escribir más a diario y por la necesidad de adelgazar, lo que significa cambiar mi rutina, o mi falta de rutina, y hacer cosas repetidas todos los días. Fue en ese pensamiento que me atuve:
<<Ostras, pero si ya hago muchas cosas repetidas todos los días!??!>>
Es verdad, sin darme cuenta hago todos los días las mismas cosas, la diferencia es que no había percibido la rutina en estas cosas porque me son naturales, normales y necesarias – las 3 Ns. Además a cada día las hago de forma distinta y en momento diferente, o sea, no hay un hacer igual día trás día. Pensando en eso percibo que puedo agregar más tareas sin que me agobie o me sature el día.
Creo que vemos lo malo, lo negativo por juzgar mal a determinadas palabras o situaciones, sin contar con lo que juzgamos a los demás y nosotros mismos, ese ya sería un tema para un largo texto. Por muchos años he pensado en la rutina tal y cual me comentó aquél chico hace 30 años que no abrí mis ojos a ver que no hay nada malo en la rutina, porque en realidad nada es lo mismo para siempre. Tenemos que quitar amarras, probar nuevas situaciones, dejar de juzgar y abrirnos para lo nuevo, probar la vida en su dimensión que es única y muy corta, dar vez a sentir las sensaciones con la máxima intensidad posible, experimentar comidas, decir que amo, compartir momentos con tus seres queridos y hacer nuevos caminos para tener nuevas experiencias. Pero también, si a ti te gusta el hacer igual, sepa que de igual-igual-igual hay poco, porque el día cambia, la hora cambia, el água, el aire y la acción por más similar que sea también es distinta. Y no pasa nada. Lo importante es ser feliz y contar tu história.
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Ya lo sé, no cuento nada de nuevo. Pero vale recordar y por eso escribo.
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Algun vecino de la calle tiene su altavoz a todo volumen. Soy obligada a escuchar un trap o rap, o sea lo que sea esa música. No me gusta, tampoco me disgusta de todo, hay músicas que tienen una batida interesante, pero resulta ser la minoria. A mí me gusta más el rock, el pop, la “bossa nova”y hasta el clásico. La música tiene un efecto impresionante sobre mi estado anímico. Me mueve y remueve. O sea, soy movida por el ritmo de la música que tengo en mis cascos. En general cuando voy a escribir o leer, pongo mi Spotify en canciones de relajación o lounge, para ayudarme con la concentración. Ya si estoy conduciendo o caminando – ojalá un día pueda correr – tengo música alegre y movida, para que mi corazón bata tal cual el ritmo de la canción. Cuando percibo que estoy en un bajón emocional, en general es porque estuve demasiado tiempo sin oír música o demasiado escuchando temas muy tranquilos de meditación o tristes. La mejor medicina para estos días es una ducha y un baile. La ducha limpia la baja energía estabelecida y una buena selección de músicas para bailar repone nuevas energías en el cuerpo. Santa medicina, pasado un rato estoy como nueva. Ahora mismo me gustaría bailar, muchas veces lo hago sola a casa mientras limpio la casa o hago la comida. Hoy me es imposible, tengo la espalda fatal, creo que dormi en una mala posición y no doy movido el cuello ni el brazo izquierdo. En mis cascos suena Bruno Mars, la música que en el video tienen los monos bailando. Me encanta! Bailo solo con los pies, sentada en mi sillón favorito, mientras escribo estas lineas.
Callar la boca de la mente para descifrar los caminos hechos y por hacer.
No es meditar, es dejar de ser y estar para actuar sin expectativas dentro de un silencio necesario para sobrevivir en el caos.
Parar con el inmenso movimiento de búsqueda a las respuestas a los miles de por qués y qué hago. Dejar que las olas del mar te lleven, apenas moviéndose, para no agotar las fuerzas y tenerlas para cuando encuentre el puerto seguro a que el mar te depositará tal cual lo hace con las algas en las orillas de las playas.
Hasta mis 17 años, rara fueron las veces que no senti ansiedad, tristeza y rabia en las noches de domingo. Todo ese grupo de emociones estallaba tan pronto escuchaba la música de apertura del Fantástico, una programación de la televisión, que pasa todos los domingos por la noche. Al oír esta música, mismo que no estuviera al salón junto con mi madre, sentía el aperto al pecho sólo por saber que al día seguinte todo empezaría novamente. Lunes a las 7.30h tendría que estar en clase. Mi problema no era el horário del colégio en Brasil. Mi problema era entender que decían los profesores, no que fuese tonta y sí que no comprendía para que todo aquello me serviría en mi vida. Mi problema era la falta de amigos, la falta de una identidad propia. Tenía miedo a todo y sufría a cada domingo. El colegio era mi sala de tortura personal.
Desde que entré en la universidad, mi vida tomó un nuevo rumbo y todo pasó a tener sentido, había un motivo para cada cosa que hacía. La música ya no me afectaba. La programación sigue existindo y no cambiaron la música. És un ícone de la televisión brasileña, que sigue indicando el final de domingo y início de la semana laboral para milhares de brasileños. Hoy domingo noche en España, para mi sorpresa me pego cantarolando esta música. Paro a ver qué pasa conmigo y revivo los sentimientos, el aperto en el pecho, la angustia y tristeza de outrora. No tengo clases al día seguinte pero tengo mi nueva tortura personal, mi actual trabajo.
No comprendo… me gusta lo que hago, me gusta conducir por mitad de Galícia visitando a clientes, me gusta hablar con las personas, ¿cómo puedo sentir que vou para el calabozo de mi tortura personal? Paro y me pongo a reflexionar… Encuentro… Hablar con mis superiores, ahí está mi punto de “tortura-torturísima”. Uno de ellos siempre dice que la culpa es mía porque no estudo a casa después del horario de trabajo, que la culpa es mía porque no tengo dinero para el gasoil, que la culpa es mía si no vendo, que la culpa es mía si no sé explicar y seguir su metodología de trabajo…
¡¿Pero…. a ver?! – Tengo ganas de gritarles. – ¿La culpa es sólo mía? ¿No tendrían vosotros que haberme enseñado mejor la metodología y el producto? Pedir es muy fácil, criticar más aún. ¿Qué os parece la idea de dejar de apuntar el culpado y trabajar por el conjunto? Si me enseñan, si me ayudan con material y con paciencia – que no la tenéis en muy buen porto – seguro que haré mi trabajo con más alegría, más calidad y más ventas. ¡Mejor para todos! Pero no, nada. ¡Sigo aquí en negro! Trabajando sin explicación, sin un mínimo garantizado para cubrir gastos, sin valoración y sin animación. Sentindo que soy la peor del “mundo-mundial”.
No hay respuestas, no hay respuestas. Siento sus miradas sobre mí, la mirada crítica de quien no comprende lo que estoy diciendo, lo que estoy pedindo.
Siento junto a ventana. Hace frío. Miro a los cielos, cubiertos de nubes, quiero encontras a Dios, pedir que todo eso pronto se acabe. No lo veo, no lo escucho. Miro para bajo, busco a Dios en mi corazón – dicen que está dentro de cada uno de nosotros – tampoco lo veo, ni le escucho. Lloro y dejo que mis lágrimas caían en la tierra, quizás la madre tierra pueda ayudarme. Sigo sin oír respuesta, solo deseo que alguno de mis pedidos lleguen a Dios y que él me liberte.