Categoria: Maternidad

  • Si no hago por mí, quién hará?

    mujer_leyendo_Vilhelm-Hammershoi

    La fecha se aproxima, busqué formas de que no pasara, en realidad, sigo buscando las. Los señales se hacen, a cada día, más claros que la oscuridad de la noche, una temida oscuridad. No tengo idea de que haré, ni como será. Debo prepararme, él no dará la partida a esta nueva fase, lo haré yo, como siempre la que define y arriesga. Otro día, en una reunión de ventas escuché una compañera que decía, en una visita a un cliente la que define y comanda la reunión y la venta soy yo, lo hago de forma a que el cliente no lo perciba, pero al final el compra lo que le defino y todo pasa en función de mis permisos. Aquí tendré que hacer lo mismo, la fecha de inicio debe de ser definida por mi, los cambios en mi vida y las actitudes que tomaré para eso, todas basadas en como quiero protegerme. Devo tener en cuenta mi inimigo, siendo que a la vez ni es tan inimigo, pero seguro que será, tan pronto se inicie esta nueva fase.

    Lo único que tengo por seguro a día de hoy, es que así no quiero más vivir. Evité a todo custo lo psicólogos, pues sabía que llegaría a este día muchísimo antes. No estaba lista, seguía intentando reverter la situación. Pero un pájaro solo puede volar con dos alas, si una no está bien y tampoco se pone buena, el pájaro quedará al suelo, sin volar, sin seguir con el camino determinado de por vida. Ahora, cansé, volaré sola.

    La mala seré yo, no pasa nada. Lo que importa es que esté viva y a gusto adonde viva, no rehén de mi destino en una habitación para no escuchar tonterías y ver las estupideces de personas que no buscan más allá de la pobre comédia humana.

    Venga, que atire la primera piedra ahora. Pero estoy harta de ti, ya no puedo más con tu inmadurez y la falta de respecto hacía mí. Hablé, expliqué, me enfadé, lo hice de todo, incluso castigarte y gritarte, pero nada funcionó. Sigues el camino que no sé donde aprendiste. Quiero acreditar que no viene de ti, quiero acreditar que aquél pequeño que llegó a mi casa con 5 años me abrazó y me llamó mamá, no tiene este gene de la agresividad, del egocentrismo y del machismo. Siempre supe que probablemente tendrías un temperamento difícil, pero lo creía que podríamos con él, con amor y mucha charla. Hice lo que imaginé correcto, siempre con el objetivo de ser una madre mejor de lo que fue la mía, no lo sé si fallé o sí te perdi para la RED y para el TDAH. Letras sin sentido, que en mi adolescencia no existían. Letras actuales que justifican las actitudes que antes se ajustaban con los castigos y las chanclas que mi madre pegaba en mi culo. Hoy no se puede, si hago como hice mi madre, puedo parar en el carcel. Hoy se habla, se castiga, se grita y (?), no lo sé que más hacer. Mi matrimonio se vá a la mierda no por culpa de mi hijo, este matrimonio ya estaba en esta linea. Un hombre que poco hace por si y por la família, pero cree que lo hace mucho. Un hombre sin ambición, mira que no hablo solo de dinero… A él le dá igual si la casa está limpia, si la ropa está guay o si la comida es la misma de todos los días. No hace nada por mejorar y poco o nada valora quien lo hace. Justo el oposto de quién soy. Sexo? Ni sé cuando fue la última vez con él, hace más de año que no quer nada. Viente años fue lo que duró nuestra relación, ahora compartimos piso por el hijo adolescente. Pero ya no me compensa más. Ya no quiero más esto y me voy. Primero, como he dicho, organizar mi vida y definir una fecha con base en mi independencia económica, debo tardar 18 meses en este proyecto, quizá 24 meses, no pasa nada. Importa es que quien controle el proyecto y la vida, sea yo y no otra persona. Una vez he dito: cuando dejar de hablar, de presionar por una situación mejor, te preocupes es señal que me cansé y cuando mirar ya no estaré más aquí. Pues, este momento está aquí, los dejo.

    (*) imagen de una obra del pintor danes Vilhelm Hammershoi

  • Um amor impossível – Capítulo IV

    IV.

    Acredito que minha vida tem fundo sonoro, não uma única música, nem uma única seleção. Escuto de tudo, quase tudo. Sou eclética. Hoje vou de The Police, Every Breath You Take, levei anos para prestar atenção na letra. Coincidência? Não, não acredito em coincidências, sim em atrações do subconsciente. Enquanto escuto a música toco meu sexo, minha buceta. Minha buceta molhada. Ela me proibia tocar minha perereca, tal como ela falava. Que mãe idiota eu tive.

    – Mãe, não é perereca. É buceta, fonte de prazer e vida!

    Pobre mulher que não conheceu seu próprio corpo. Adoro minha buceta, adoro sentir prazer e me tocar. Meu corpo pode ser feio, comparado ao que foi, mas minha vagina é poesia.

    – Mãe, fala comigo: bu-ce-ta, buceta, buceta, buceta. BUCETA, caralho, fala!

    – Mãe, se dizem que somos santos e a imagem de deus, meu corpo é santo, minha buceta é santa.

    – Mãe, a senhora não se diz tão correta e protetora? Que porra de proteção que a senhora me deu? Não viu que o seu namorado queria comer minha buceta de criança? Não me venha dizer que não posso tocar meu corpo, minha perereca. Se seu namorado e o vizinho podiam tocar minha bucetinha de criança, eu também posso e tenho esse direito adquirido por propriedade, é minha e faço com ela o que quero!

    Tanta santidade para quê? Santa falsidade e hipocrisia a sua, isso sim.

  • Um amor impossível – Capítulo III

    III.

    Hoje escuto The Cure, Lullaby.  Lembro quem fui. Lembro quem queria ser. Lembro meu corpo branco, as sardas no ombro, não era magra, não era gorda. Era gostosa. Hoje não estou assim, deixei a vida pesar e os quilos acumularem. Me lembro deitada no chão do meu quarto, na casa da minha mãe. Trancada, sem poder sair. Ouvia música e chorava. Fazia muito tempo que não chorava, faziam 30 anos. Chorei muito quando vi sua foto, mãe.

    Hoje sinto falta de ar, não é a pandemia que come o mundo. É alergia, uma puta crise alérgica. Igual a que você sempre teve e eu nunca tive. É a insatisfação do caminho que nossas vidas tomou? Acredito que sim, a diferença é que minha vida não é a eterna infelicidade que se tornou a sua. Eu busco meu espaço. Eu aprendi a dar limites.

    Mãe, o primeiro limite que quero dar hoje é em sua memória. Eu não sou culpada. Eu não fui culpada.

    Por muitos anos a criatividade foi um impulso vibrante na minha solidão. Fui uma criança esquecida e uma adolescente que gritava por liberdade, até que com 18 anos dei um basta e reivindiquei meu espaço e na faculdade de arquitetura iniciei a liberação do meu espirito. Fumei, bebi, dancei até cair. Raspei a cabeça, pintei o cabelo de vermelho. Escrevia e pintava, criava arte e uma vida que me tinham negado. Trepei. Noites de sexo e álcool. Era o principio do que desejava. Um mundo de criação histérica em uma vida interrompida.

    Hoje meu corpo não aguenta nem mais um cigarro. Puta falta de ar e que vontade de fumar!

  • Reseña – El coste de vivir – Deborah Levy

    Se supone que lo que más debe atemorizarnos es el caos, pero he terminado por creer que tal vez sea lo que más deseamos. (…)

    Lo mejor que he hecho jamás ha sido no nadar de vuelta al barco. Pero adónde iba a ir? (…)

    No deseaba restauras el pasado. L que necesitaba era una composición totalmente nueva. (…)

    A los cincuenta años me puse en forma, justo cuando se suponía que mis huesos debían perder fuerza. (…)

    el coste de vivirDicen que está de moda que los escritores cuenten sus propias historias en libros, dicen que les faltan ideas. No lo creo. Y si creo que muchas veces hace falta reflexionar sobre lo que vivimos, de dónde vinimos y lo que hicimos. Y por qué no hacerlo poniendo en el papel? Y, si sale una buena história por qué no publicarla?

    Este libro es la segunda parte de la “autobiografía en construcción” de la novelista, dramaturga y poeta británica, Deborah Levy (Johannesburgo, 1959). No he lido la primera, la voy a leer, pero no hace falta que siga un orden en la lectura de los libros de su autobiografía. Ellos representan fases distintas de su vida y este de que hablo; cuenta lo que pasó cuando Deborah con 50 años, separase de su marido y junto a sus hijas, en un nuevo y destartalado piso, lejos de todo lo que representó su vida anterior en una casa victoriana repleta de libros y recuerdos, ella empieza a reconstruir su vida a la vez que percibe las dificultades de una vida en solitário en un mundo paternalista.

    “Mi mujer me eligió esta alianza. Es un anillo victoriano, no es mi estilo, pero me recuerda a ella”. Y luego añadió: “Mi mujer ha vuelto a estrellarse con el coche”. <<Ah, -pensé, mientras dejábamos atrás los árboles dorados -, no tiene nombre. Es su mujer.>> Me pregunté por qué mi colega solía olvidar los nombres de las mujeres que conocía en reuniones sociales. Siempre se refería a ellas como la mujer o la novia de alguien, com si no necesitara saber nada más. Si no tenemos nombre, quienes somos?

    debora levyCuánto nos cuesta vivir? Cuánto nos cuesta ser mujeres en un mundo que aún sigue reglas paternalistas? Recuerdo situaciones por las que pasé y pregunto me; cuál el coste que pagué para lograr el éxito o lo que deseaba? Cuántas veces fui recordada por mi función y el apellido corporativo (el nombre de la empresa en que trabajaba), y no por mi nombre propio? Cuántas veces fui más una entre los hombres, cuando en realidad era la jefa o la persona que definía la relación comercial? Cuántas veces nos pusieron a prueba, por nuestras invisibles faldas? Mucho logramos a lo largo de nuestra história, como mujeres, pero aún nos queda una larga trayectoria. La mujer cambiará la história, o a lo menos cambiaremos nuestras histórias. Temos que hablar más sobre nuestra situación en la sociedad y para eso tenemos que leer  y escribir más sobre nuestras experiencias en este mundo. Llego a conclusión que es el momento de contar la historia de mi madre, será una escrita muy dura, quizá nadie la quiera leer, no somos personalidades reconocidas dentro de esta sociedad. Nuestras histórias tienen mucha dolor, dolor de mujeres incomprendidas en sus famílias y entre sí. Nuestras histórias culminan con la locura de una mujer que deseó ser lo que no le fue permitido y finaliza con la culpa de otra que no ha podido ser lo que la sociedad esperaba de ella. Quizá sea el momento de contar esta história.

  • Desejo um suspiro de vida

    Desejo de borboletas amarelas

    No ar diáfano o ideal

    seriam borboletas amarelas

    para desenhar alegria

    com suas asas, seu voo

    delicado.

    Se não há borboletas,

    fica no ar um desperdício

    e um suspiro.

    de Roseana Murray, do livro Poço dos Desejos, da Editora Moderna

    poço dos desejos Muitos desejam a riqueza, otros a lua, o sol e o amor. Roseana Murray deseja borboletas amarelas, trocar de cor, cantar, morar numa lua e, entre tantos desejos, a paz e ser dona de uma papelaria. Ela não se cansa de fabricar desejos, como cada um de nós.

    Nos tempos atuais, tempos de pandemia, creio que o maior desejo de todos é viver e voltar às ruas. Intimamente temos outro desejo; desejamos um mundo melhor e coincidimos no desejo da paz.

    Tive desejos que desapareceram e outros alcançaram a lua, porém existe um que não adormece; o desejo de que meu filho seja um grande homem. Grande em tamanho sei que será, quero mais, quero um homem de princípios e valores, que reconheça a beleza da vida e do simples, que abandone a manada juvenil e siga seu caminho, único e especial, tal como ele é. Que crie sua identidade não influenciada, mas influenciadora, e que passe pelo mundo deixando sua  delicada pegada de luz, evitando o desperdício do desejo e criando um suspiro de vida no mundo em que vivemos.

    interferência ao poema Desejo de Borboletas Amarelas de Roseana Murray – por Roseana Franco

     

  • Carta a uma mãe

    Ontem recebi uma foto sua. Me doeu ver que você envelheceu demasiado nesses 4 anos que estamos afastadas uma da outra. Tentei te convencer de vir a morar aqui comigo, mas você se recusou, disse que só entraría no avião morta e me perguntou se meu objetivo era te matar. Não, claro que não, nunca foi. Mas sempre me preocupei por esse momento, quando a idade chegasse e você estivesse sozinha, longe de mim e sem apoio da família.

    Fazem 7 anos que você decidiu vender seu apartamento no Rio de Janeiro. Não era um apartamento muito grande, nem muito claro, mas era um bom apartamento para uma pessoa viver com conforto num bairro repleto de comércio e onde você era muito conhecida. Eu sempre gostei daquela rua, arborizada, tranquila. Gostava de sair pela portaria, cumprimentar o porteiro que sempre nos tratava com imensa alegria e  atravessar a rua. Justo em frente estava o centro comercial do bairro, onde eu sentava pela tarde, depois de te visitar, com um livro na mão. Pedia um café e uma torta. Cada dia pedia uma diferente, gostava de experimentar, mas claro, tinha a minha preferida a de chocolate com nata. Algumas vezes ia com você ali, não sempre, para evitar que o açucar te fizesse mal, pela sua idade e pela nossa genética é importante controlar a ingestão de doces para não ter diabete, como tinha a sua mãe.

    Quando te vi na foto chorei, muito. Você está igual a sua mãe. Com o cabelo branco, repartido a um lado e cortado logo abaixo da orelha. Choro mais, porque me lembro que depois que seu pai morreu, você nunca mais voltou para ver sua mãe. Não sei porque, podíamos pegar um ônibus a noite e pala manhã estaríamos lá. Não teríamos muitos gastos e eu já trabalhava, podia pagar a viagem. Mas você sempre se recusou. Eu não me recuso em te ver, minha situação é diferente. Tem um oceano que nos separa e a viagem é bem cara. Agora incluso é impossível ir, mesmo se tivesse dinheiro, não poderia sair daqui. A Espanha tem todos os vôos cancelados, estamos isolados do mundo lutando contra um vírus que ameaça a todos os continentes, mas que cada País enfrenta de uma forma distinta. Aqui na Espanha já são mais de 170mil contaminados e  18mil mortos, segundo os jornais, porém expertos dizem que as cifras reais são muito maiores. Não temos muitas notícias do Brasil, só falam que o presidente é um inconsequente, que não quer decretar a quarentena, que todos os outros Países decretaram para proteger o sistema de saúde e a população. Dizem que ele só se preocupa com a economia, enquanto que o momento pede que se preocupe com as pessoas.

    Temo o que pode te acontecer neste momento. Te liguei muitas vezes, você não me atende, não me liga. Não sei que raiva é esta que você tem de mim. Não entendo. Um médico daqui me disse que pode ser pela demencia não tratada e que você não reconhece. Claro que não vai reconhecer, a questão sempre foi, como fazer para te dar o tratamento se você não nos deixa te ajudar? Não sei o que fazer, mãe.

    Hoje o único que posso fazer por você é orar e desejar que você não sofra.

    Te amo, mãe!

     

  • Día – 18.01

    Histeria. Una mujer desnuda, aplastada entre el escalón de la acera y una cola de autobuses. Grita. Pide por ayuda. Su voz no se escucha, la tiene enmudecida. Intenta llamar atención del conductor, para que no la mate, no la termine de aplastar. Nadie la escucha. Llora. Tira de la ropa de una mujer que pasa, esta la ignora. Siente vergüenza.

    Fue su madre. La que la violentó. Fue su madre y su abuela. Por qué? Qué ha hecho de mal? No sabe contestar. Solo sabe que ellas la dejaron allí para sufrir. Aplastada entre el escalón de la acera y la cola de autobuses. La mujer llora. No hay lágrimas. El lloro viene de dentro, le arranca sangre del corazón por los ojos.

    Nadie la ayuda. Ella sigue aplastada. Sigue llorando. Sigue intentando gritar. Sigue enmudecida.

    Despierto, es una horrible pesadilla. La mujer desnuda a calle, aplastada entre el escalón de la acera y la cola de los autobuses soy yo. La madre y la abuela, son mías. Siento mi cuerpo dolorido, como si tuviesen me dado con el látigo. Estoy tiesa sobre la cama. Me duele todo el cuerpo. La cabeza pesa y en el pecho noto el corazón sangrante. Intento por todo el día librarme de esta sensación nada, ni nadie, es capaz de ayudarme. Hablo para mi misma: solo fue una pesadilla, solo fue una pesadilla…

  • Día, 14.01

    Días sin poder escribir, sin ilusión, sin ganas. Al sofá, dejada por mi misma.

    No me recuerdo, donde ni cuando me he perdido de mi misma. No logro encontrarme. Ansío por retomar mi vida, pero, la tengo así… abandonada al sofá.

    Hoy pensé que la muerte no es tan mala. Tuve miedo de pensar en eso. Lo pensé, la muerte. No quiero vivir así. Dónde he perdido mi esencia? Joder, no la encuentro. La necesito, es vida o muerte.

    Dónde he dejado mi fuerza? La valentía y las ganas de vivir mundo? No era así y no puedo ser/estar así.

    Cierro los ojos, miro al cielo y escucho mi voz muda que habla en un idioma que no conozco. Habla con los ángeles y siento la aproximación de una luz, una luz morada, que llena mi cuerpo. Los ángeles llegan y me cogen de la mano, me tumban en una cama en una habitación con una suave luz dorada. Me quedo allí a dormir, un sueño de cura.

  • Día 08 – Sigo aquí

    Hoy las clases empezaron. Pensaba que iba a ser mucho peor con mi hijo. Lo que sí percibí es que la medicina le hace corta, con el fin de las vacaciones la tomó más temprano y por la mitad de la tarde ya se le veía distinto, nervioso, su voz estaba algo agresiva y él no dejaba de hablar. Creo que a partir de mañana que tiene futbol todos los días le dará abasto la dosis, pues usará esta energía suya para lo que le encanta hacer y lo hace muy, pero muy bien.

    Hable con el director del club y su entrenador, para que sepan lo de la medicina. Fueron las personas más amables y atentas que he visto, propondo que lo dejemos entrenar más horas a la semana, para usar la energía que tiene a mayores. Ya, lo mismo no pasó con su profesora de clases de refuerzo, que pago para ayudarle, más que al fin solo le puso a bajo con comparaciones y reclamaciones, sin incentivarlo apenas criticando. Qué rabia! En su momento trague saliva pues no fue capaz de gritar y llamarla de nombres horribles, pero me sentí muy mal, por permitir que hablase así de mi hijo. Peor, habló así con ello, que no fue capaz de defenderse. Me siento mal por no haber tenido la fuerza para defenderlo con palabras. Lo que hice fue quitarlo de esta clase. Mañana toca concertar cita urgente con la tutora del instituto para que ella pueda saber lo que pasa y allí sí tengo que ser fuerte y defender a mi hijo.

    Tengo que ser la madre que no he tenido.

    Tengo que ser la madre que él necesita.

    Tengo que ser la madre, la súper madre, no me contento con menos.

  • Los malditos 13 años

    pesadilla

    Te percibí diferente. Vi que tenías una erección, que hablabas cosas raras, no eras tu, no eras mi niño, no eras el niño que conocí hace 8 años, cuando llegó a mi casa, desconfiado mirando con atención cada detalle de su nuevo lar. Estabas nervioso, no parabas de caminar de un lado a otro. Fue cuando te cogí por el brazo para intentar controlarte que percibí que tenías una fiebre muy alta. Mi mano se quemaba al tocar tu cuerpo. Sentí la primera punzada de dolor, e te cogí de manos y salí por la calle en busca de ayuda. Buscaba a una mujer rubia de pelo largo, no me recuerdo su nombre, muy conocida. Sabia que ella era la única que podría curarte. Era una hechicera. No la encontraba, en ningún sitio. Por la calle, mucho revolucionada por las manifestaciones, noté que tus delirios aumentaban y molestaba a las personas. Pedía perdón y explicaba, era la fiebre. Te perdí en medio a la manifestación. Te encontré, en el alto del andamio, de la obra de la panadería. Allí, ajeno a todo lo que pasaba por las calles y al peligro, tu malabares. Te grite:

    – Quédate ahí! No salga de ahí! Voy en busca de ayuda! Te quiero, este quieto, te quiero!

    Tu no me contestaste, apenas sonreíste, la misma sonrisa de cuando nos conocimos, cuando tenías 5 años y entraste en mi vida.

    Corrí por las calles, timbré en los portales. Buscaba la mujer, la tal hechicera rubia. No la encontraba y tampoco encontraba a ti, ya no estabas más al andamio. Te había perdido en medio a tanta gente. La puta manifestación! La puta fiebre! Seguí caminando, aturdida, hasta que por fin, encontré la mujer, sentada con otra a puerta de un bar. Me caí de rodillas, llorando, implorando que me ayudase a encontrarte y que te curase. Fue cuando ella se arrodillo a mi lado, me sujetó con fuerza y dijo:

    – Tienes que ser fuerte. Estaba marcado en el destino! De una forma u otra, hoy era el día de su partida. Lamento que sea así.

    La miré, sin comprender lo que decía. Seguro era un error, no nos conocíamos, jamás teníamos nos visto. Le contesté:

    – Estas loca, tu no sabes quien soy, ni quien es mi hijo. De que hablas? Qué destino? Qué lamentas?

    A su espalda muchas personas nos miraban nerviosas, confundidas. Percibí que miraban al otro lado y a mi. No comprendía que pasaba. Puta manifestación, quiero a mi hijo. – era lo que pensaba. En este momento la mujer, me levanta del suel y pedindo que tenga fuerzas me lleva hasta el interior del bar.

    – Hija mía, tenga paciencia, con el tiempo todo se explicará. Hoy lo que necesitas es de fuerza para seguir con tu vida. Sea fuerte! Estábamos te buscando, tu hijo murió. Yo estaba aquí, te esperando llegar, porque sabía que ibas a necesitar de mucha ayuda en este momento. Se fuerte! Se fuerte!

    En este momento, sentí como si el tiempo parase, no había mas ruidos a calle, ya no vía a nadie. Me levanté, con las rodillas flojas, las piernas temblando y segui con la mujer. Allí, estabas tu, mi hijo, tan joven, tan amado y querido. La fiebre no te mato, lo que te mato fue un tiro que destrozó tu cara.

    – Por qué? Por qué? Dios, contéstame, por qué a mi hijo? – nadie, ni Dios, me contestaba. Sentí que me faltaba el aire, un dolor muy fuerte al pecho. Un grito estancado. Solo mi llanto y los puñetazos que daba al suelo, era lo único que hacía agarrada a ti, allí destrozado. No te parí, pero te amé mas que cualquier madre. Sentí todo el dolor tuyo, cada momento. Sentí tus alegrías. Conmemoré cada victoria y conquista. Te amé, mas que a mi misma. En este momento logro gritar, un grito tan fuerte.

    Doy un salto y siento en la cama. Estoy sudando. Tengo la imagen de todo lo que ha pasado. Una pesadilla, esta fue la peor pesadilla de mi vida. Salgo de mi cama corriendo para ver como está mi hijo, si tiene fiebre, si pasa algo. Nada, todo en paz, duerme tranquilo el agitado sueño de los 13 años. Me quedo a su lado, tumbada, con los recuerdos de la escena en que estas caído al suelo de un bar con la cara destrozada. Pienso conmigo, hijo mío, jamás permitiré que algo te pase.

    El poco que resta de esta noche, ya no durmo. Me quedo a su lado, tumbada a cama, entre mirarte y recordarme de la pesadilla pasa el tiempo y suena el despertador. Tu te marchas a estudiar y yo me quedo a casa, aún con la sensación de tu fiebre, aún ansiosa, nerviosa. Intento meditar, no soy capaz. Intento llorar, no soy capaz. Me siento a un sillón, con nuestro perro sobre mis piernas y lo único que puedo es hablar con el Universo. Le digo:

    – Me has dado el mayor regalo, un hijo. Sea como sea, es mi hijo. Lo amo más que todo y lo protegeré. Lo protegeré inclusive de Ti. Permita que este niño viva muchos años y sea un ejemplo para muchos. Todo lo que vivió y lo que vive, la alegría que lleva por donde va no puede terminar en el suelo de un bar, destrozado por el destino.

    por Anna Franco