Silenciar para escuchar y sentir, es necesario.
Callar la boca de la mente para descifrar los caminos hechos y por hacer.
No es meditar, es dejar de ser y estar para actuar sin expectativas dentro de un silencio necesario para sobrevivir en el caos.
Parar con el inmenso movimiento de búsqueda a las respuestas a los miles de por qués y qué hago. Dejar que las olas del mar te lleven, apenas moviéndose, para no agotar las fuerzas y tenerlas para cuando encuentre el puerto seguro a que el mar te depositará tal cual lo hace con las algas en las orillas de las playas.
Espera y tener fé en silencio.
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