Tengo, como la gran mayoría, la tendencia a creer que todo es para siempre. Que la felicidad o el dolor, que el amor, la fartura, la amistad y todo, es para siempre. También, como la gran mayoría, digo que las personas hacen las mismas cosas como siempre. Engaño, nada es para siempre. El como y para el para siempre no existen, para nada.
La vida es así un eterno cambiar, sutil cambiar. Algunas veces percebemos los cambios, otras no. Pero el cambio esta ahí a todo minuto, a todo segundo.Las aguas que corren por el grifo o por el rio no son las mismas de ayer, ni tampoco las del mar son las mismas. El aire que respiramos cambia, todo cambia. Por qué nos aferramos a las cosas, situaciones y personas? La matéria y la necesidad de control y estabilidad nos abruma la idea del vivir y no nos adecuamos al verdadero vivir, libre y sencillo donde el estar y amar son las únicas palabras que deberían imperar. Dos palabras tan simples pero que vividas en plenitud poden transcender nuestra experiencia en este planeta.
Por hoy quiero recordar que nada es fijo y que lo que más importa es la oportunidad que tengo de vivir en equilibrio y en sintonía con la esencia del universo y de la madre tierra. No existe el acaso, todo está conectado y si puedo conectarme con esa poderosa esencia podré vivir la vida, que me toca, en plenitud.
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